lunes, 25 de octubre de 2010



                                                                   AYUNTANIENTO                                        

Tudela

Vista de la ciudad de TudelaTudela es la segunda ciudad de Navarra en cuanto a población (32.802 habitantes) y desarrollo económico. Situada al sur de la Comunidad Foral, goza de una estratégica situación geográfica, a orillas del río Ebro, cerca del canal de Lodosa y del nacimiento de los de Tauste e Imperial y próxima al cruce de la autopista del Ebro con la de Navarra.
Es la capital de una próspera comarca agrícola e industrial (la Ribera) y se halla equidistante de Pamplona, Logroño, Soria y Zaragoza (alrededor de 90 kilómetros).

Historia y arte

Desde el punto de vista urbanístico, se considera una de las ciudades de origen islámico más importantes de España y Europa. Fue fundada por los árabes en el año 802 (siglo IX) y permaneció bajo el dominio del Islam hasta 1119, año en que pasó a formar parte de la corona navarro-aragonesa. En la Edad Media, durante más de 400 años, convivieron en Tudela tres culturas: los musulmanes, los judíos y los cristianos. La morería y la judería de Tudela llegaron a ser de las más prestigiosas de Navarra.
Catedral de TudelaPor ello, Tudela goza de un riquísimo legado histórico, artístico y cultural. Destacan la Catedral (siglo XII), con la capilla barroca de Santa Ana, en su interior; la iglesia románica de la Magdalena, con una de las pocas torres románicas que quedan en Navarra; el Palacio Decanal (siglo XVI), con pórtico plateresco; el palacio del Marqués de San Adrián (siglo XVI), un edificio renacentista que recuerda a los palacios italianos; la Casa del Almirante (siglo XVI), que posee una bonita balconada plateresca; la Casa Ibáñez Luna (XVI), renacentista; y el Palacio del Marqués de Huarte, construcción barroca del siglo XVIII. Tudela está incluida en la Red de Juderías de España-Caminos de Sefarad, por lo que están señalizados sus lugares más emblemáticos y, a lo largo del año, se organizan actos culturales que recuerdan su pasado judío.

Naturaleza

Al margen de su legado histórico, Tudela se enclava en un paisaje dominado por el Parque Natural de las Bardenas Reales, un singular territorio semidesértico de 42.500 hectáreas, lleno de fuertes contrastes y con importantes especies de fauna y flora protegidas. Ha sido declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco.
Parque Natural de Bardenas RealesLa erosión ha modelado un paisaje formado por llanuras elevadas, cabezos y barrancos, que cuenta con tres reservas naturales: el Rincón del Bu, las Caídas de la Negra y, al norte del territorio, la Reserva Natural del Vedado de Eguaras. Además, en Tudela subsisten los más importantes (por su extensión y variedad) Sotos o ecosistemas aluviales de todo el Valle del Ebro y en la ciudad se inicia la Vía Verde del Tarazonica, que discurre por el antiguo trazado del ferrocarril, desaparecido en 1972, que le comunicaba con Tarazona.

Gastronomía

Hablar de Tudela es hacerlo de gastronomía. El paso del río Ebro por la zona ha convertido a la Ribera y a su capital en una tierra extraordinariamente fértil en la que abundan las huertas. Por ello, cuenta con verduras de contrastada calidad, como las alcachofas, los cardos, los cogollos, los espárragos, la borraja... Todas ellas se ofrecen en los restaurantes, con mención especial para el plato más típico, la menestra, elaborada con varias de estas verduras.
Gente en las terrazas de la Plaza de Santa AnaLa importancia de este producto es tal que anualmente en primavera se celebran las Jornadas de Exaltación de la Verdura, organizadas por la Orden del Volatín con el apoyo de varias instituciones. Recorridos gastronómicos, concursos de cocina o catas son algunas de las actividades que se programan.

Fiestas y costumbres

La Semana Santa acoge dos tradicionales ceremonias, que pertenecen a la cultura tudelana desde el siglo XIV y han sido declaradas fiestas de Interés Turístico Nacional: el Volatín y la Bajada del Ángel. El Sábado Santo tiene lugar la primera, la danza de un muñeco articulado de madera, El Volatín, que pone en escena, en el balcón de la Casa del Reloj de la Plaza de los Fueros, la muerte de Judas. Cada Domingo de Resu-rrección, un niño vestido de ángel recorre la Plaza de los Fueros suspendido de una soga hasta el lugar donde es llevada en procesión la Virgen, a la que le quita el velo negro que le tapa en señal de alegría por la resurrección de Cristo. Tudela celebra en julio sus fiestas patronales en honor a Santiago y Santa Ana, con un amplio programa de festejos entre los que destaca el baile de la Revoltosa alrededor del kiosco de la Plaza de los Fueros.

la juderia de tudela

  • TUDELA CUNA DE LOS GRANDES VIAJEROS

    • Con su catedral cristiana de corazón judío y musulmán; con su ciudad vieja repartida entre una morería y dos juderías; con sus grandes personajes andalusíes y hebreos de fama y renombre mundial, Tudela es una singular ciudad de las tres culturas afincada en el corazón del reino de Navarra. La Judería Vieja y la Judería Nueva, con un camino intermedio salpicado de constantes evocaciones al tiempo en que los hebreos poblaron la ciudad, constituyen hoy un itinerario sorprendente, que permite conocer una buena parte de la ciudad histórica a través de sus judíos. Una huella de casi siete siglos que forma parte de la esencia más íntima de Tudela.
    • En la actualidad parece comunmente aceptado que los primeros pobladores hebreos de Tudela llegaron casi con la misma fundación musulmana de la ciudad, alrededor del año 802, como plaza fuerte y punto estratégico en la marca del Ebro en un punto equidistante entre Zaragoza, Logroño, Pamplona y Soria. Yusuf, lugarteniente del emir Al Hakán I, fue el encargado de construir el puente sobre el Ebro y establecer la primera fortaleza musulmana, que con el discurrir de los años se convirtió en una ciudad próspera rodeada de un entorno fértil y ameno, como cuenta en su Crónica del moro Rasis, del año 919, el geógrafo árabe Al Razí. Posiblemente, entre los primeros contingentes de judíos que llegaron a Tudela para establecerse en la ciudad se encontraran miembros de la vecina aljama de Tarazona.
    • Durante el amplio período de la dominación musulmana (más de tres siglos), Tudela constituyó un importante núcleo comercial y cultural en el norte de España, condición que se intensificó aún más tras la caída del Califato de Córdoba y la vinculación de la ciudad a la taifa de Zaragoza, con los Banud Hud. De ese tiempo, inmediatamente anterior a la conquista cristiana, son las famosas 23 biografías de personajes célebres del mundo musulmán de Tudela, y en ese caldo de cultivo viven también los grandes personajes judíos cuya fama ha trascendido hasta nuestros días.
    • Plaza de Yehuda Ha-Leví

    • Uno de estos personajes es Yehuda Ha-Leví, nacido en Tudela en 1070 ó 1075, en cuya plaza se inicia el itinerario judío tudelano. Las dos placas que recuedan aquí sendos textos del “príncipe de los poetas hebráico andalusíes” son una buena muestra de la variedad temática y estilística que caracterizó su producción literaria; el primero, más filosófico, dice: "Cuando vi en mi cabeza la primera cana la arranqué con la mano. Has podido conmigo, me dijo, porque estoy sola. ¿Qué harás cuando me siga un escuadrón?", y el segundo, manifiestamente más lírico: "Ofra lava sus vestidos en el agua de mis lágrimas y los pone a secar al sol de su hermosura. No necesita el agua de las fuentes, porque tiene la de mis ojos, ni otro sol que el de su belleza". Ha-Leví, autor de El Kuzari, libro convertido en una especie de símbolo de la diáspora del pueblo judío, viajó por Córdoba y Granada, y gozó de la amistad de los grandes hombres de letras de su tiempo; salió de Tudela en 1140, con casi setenta años, dispuesto a morir en Jerusalén, lo que no se sabe a ciencia cierta si consiguió en 1141, año en el que se fecha su muerte. "Mi corazón está en Oriente, mientras que yo resido / en el extremo Occidente", escribió también este autor de culto en los círculos cabalísticos hebráicos. El sabor popular de la plaza que lleva su nombre, en pleno corazón de la vieja Tudela, con sus ropas tendidas y su visión de fondo de la estatua del Corazón de Jesús, en lo alto del monte de Santa Bárbara, son el mejor preámbulo para iniciar la visita a los diferentes hitos de la ciudad navarra relacionados con los judíos.
    • Catedral y Museo de Tudela

    • Museo de Tudela. Palacio Decanal. Roso, 2. Tel. 948 40 21 61. Lunes a viernes, 10.00-13.30 y 16.00-19.00; sábados y festivos, 10.00-13.30. www.museodetudela.com, www.catedraldetudela.com.
    • A través de la calle Roso se llega a la Oficina de Turismo de Tudela, punto de encuentro estratégicamente ubicado junto a una de las puertas de la Catedral. Antes de entrar en el museo, donde se realiza la visita conjunta a la Catedral y al Palacio Decanal, las arquivoltas de la Puerta del Juicio del templo catedralicio ofrecen ya una pincelada de las controvertidas relaciones de judíos y cristianos a través de los siglos: con paciencia y buena vista no es difícil encontrar, entre los personajes que sufren condena tras el Juicio Final, a una pareja de hebreos que venden sus paños sobre un arca, representando simbólicamente a todos los de su estirpe.
    • La Catedral de Tudela fue hasta 1783 Colegiata de Santa María la Blanca, levantada ésta a su vez en 1119 sobre la mezquita mayor de los musulmanes, del siglo IX. Además de la puerta del juicio, en su exterior destacan la de Santa María, al norte, y la de la Virgen, al sur, de estilo románico y cobijada por un tejado que conserva pinturas mudéjares. En su interior, el coro está considerado como una de las obras mayores del gótico flamígero navarro, y el retablo mayor, de estilo flamenco, es obra de Pedro Díaz de Oviedo.
    • El Palacio Decanal, a través del cual se accede al Claustro, donde se ubica la sinagoga, es un edificio originario del último cuarto del siglo XV, ampliado después por el deán Pedro de Villalón para servir como residencia de reyes y papas en sus estandias tudelanas. El sepulcro del infante Don Fernando, hijo de Sancho VII el Fuerte o los ricos capiteles del claustro son algunas de las piezas más importantes del conjunto.
    • Sinagoga

    • Única en su género, por encontrarse ubicada en el mismo claustro de la Catedral, la capilla mudéjar de San Dionís, también conocida como Escuela de Cristo, ha sido identificada como la Sinagoga Mayor o Sinagoga Vétula de Tudela, con una morfología clásica de los templos judíos, con su sala de oración y su tribuna para las mujeres en el piso superior. Antes de entrar en ella, en el claustro se exponen de manera permanente una serie de paneles que explican el origen y los ritos principales de las tres grandes religiones que convivieron en Tudela durante siglos: la musulmana, la judía y la cristiana. También son dignas de mención la puerta, de arco apuntado, y las ventanas, con arcos geminados reutilizados.
    • En el interior, las celosías de la tribuna alta, situada a los pies del oratorio, dan la pauta del rito hebreo, que obligaba a las mujeres a seguir la ceremonia religiosa en un segundo plano, y la decoración con agramilado de estuco, en policromía blanca, negra y roja, enlaza directamente con la tradición almohade del arte aragonés de los siglos XIII y XIV. Destaca también el magnífico artesonado que cubre la nave. Una menorah, o candelabro judío de siete brazos, preside el espacio central del templo, donde se exponen además, en sus vitrinas, una rica serie de documentos facsímiles y libros y utensilios de la liturgia hebrea, junto a una reproducción de la célebre Biblia Kennicot o a ejemplares de El Kuzari, de Yehuda Ha-Leví, o el Libro de viajes, de Benjamín de Tudela, representados ambos en la sala, junto a Abraham ibn Ezrá, con sus retratos y perfiles biográficos.
    • Tirar de la manta

    • En la sinagoga se expone una copia de la célebre manta que los cristianos viejos tuvieron expuesta entre 1610 y 1738, con los nombres de los conversos tudelanos, "para que se conserve la limpieza de sangre y se sepa distinguir la calidad de los hombres nobles", es decir, para poder “tirar de la manta” en caso necesario. La existencia de la manta, sin embargo, no empaña una resistencia secular ante el Santo Oficio: en 1481 la ciudad se negó a facilitar información sobre el asesinato, en Zaragoza, del inquisidor Pedro de Arbués; tiempo después los vecinos amenazaron con arrojar al Ebro a los oficiales de la Inquisición que perseguían a unos herejes, y en 1510 los diputados tudelanos partieron a Cortes con la encomienda de solicitar al rey "que nos quiten de aquí ese fraile que se dice inquisidor".
    • Abraham ibn Ezrá

    • Abraham ibn Ezrá representado en la sinagoga por un retrato de Rafael del Real, nació en Tudela hacia el año 1089, y pasó su juventud en Al Andalus formándose en las culturas árabe y judía, viviendo en Córdoba y en Toledo y visitando varios países del norte de África. Consuegro, posiblemente, de Yehuda Ha-Leví, Ibn Ezrá cultivó también la poesía, entre otros géneros, considerándosele, junto a Maimónides, el mayor polígrafo de la España judía; al igual de Ha-Leví, abandonó Tudela hacia 1140, recorriendo varios lugares de Europa en los que sobrevivió escribiendo libros y tratados por encargo para diferentes comunidades judías. Murió hacia 1167, según algunos historiadores ya de regreso a Sefarad, posiblemente en Calahorra, y según otros en algún lugar de Europa.
    • Después de haber sido sinagoga hebrea, la capilla perteneció a la cofradía de San Dionís, fundada por el rey Teobaldo I de Navarra, que pervivió hasta el siglo XIX, pasando entonces a manos de la cofradía de San Pedro y San Pablo, quien la rebautizó como Escuela de Cristo.
    • Judería Vétula

    • Desde la plaza de San Jaime, vecina a la Catedral, parte la calle de la Merced, que conduce hasta la Judería Vieja o Judería Vétula. Un original edificio, con platos de cerámica incorporados a la fachada enjalbegada, marca en el cruce con la calle Tornamiras el arranque del barrio hebreo, que ya existía próximo a la muralla, junto al río Queiles, en tiempos de la dominación musulmana, y cuyos límites se fijaron con mayor nitidez tras la conquista de la ciudad en 1119 por Alfonso I el Batallador. El rey aragonés, que entró en Tudela de manera pactada, firmó con los musulmanes el Fuero de Sobrarbe, y con los judíos el de Nájera, reconociendo sus derechos y propiedades y estableciendo los límites de los barrios.
    • En la Tudela cristiana, la aljama estaba gobernada por un órgano colegiado de veinte miembros, elegidos entre la oligarquía familiar del momento, con apellidos que se repetían a lo largo de los años, como los Orabuena, Menir, Falaquera, Bendebut, Rabiza, Acasar, Farach o Malach. Entre 1279 y 1305 se redactaron las taqqanot, u ordenanzas de la aljama, para organizar la vida en común de una sociedad formada por comerciantes, artesanos, físicos y diplomáticos, con una actividad reseñable también en torno a la agricultura y a la producción y comercialización del vino.
    • El cuidado y el sentido didáctico de la rotulación de las calles, con una bella azulejería que ilustra el significado de cada denominación, permite seguir el recorrido por un sector de marcado carácter medieval, jalonado de mesones y restaurantes y con cierto aire bohemio. En la misma calle de la Merced, ya en el interior de la judería, el Palacio Ezquerra, fechado en 1690, presenta un magnífico escudo en su fachada, rematado a los pies con la concha del Camino de Santiago, que tuvo en Tudela una de sus etapas más frecuentadas.
    Judería de Tudela


    lunes, 18 de octubre de 2010

    los musulmanes en tudela

    Sinagoga

    Única en su género, por encontrarse ubicada en el mismo claustro de la Catedral, la capilla mudéjar de San Dionís, también conocida como Escuela de Cristo, ha sido identificada como la Sinagoga Mayor o Sinagoga Vétula de Tudela, con una morfología clásica de los templos judíos, con su sala de oración y su tribuna para las mujeres en el piso superior. Antes de entrar en ella, en el claustro se exponen de manera permanente una serie de paneles que explican el origen y los ritos principales de las tres grandes religiones que convivieron en Tudela durante siglos: la musulmana, la judía y la cristiana. También son dignas de mención la puerta, de arco apuntado, y las ventanas, con arcos geminados reutilizados.
    En el interior, las celosías de la tribuna alta, situada a los pies del oratorio, dan la pauta del rito hebreo, que obligaba a las mujeres a seguir la ceremonia religiosa en un segundo plano, y la decoración con agramilado de estuco, en policromía blanca, negra y roja, enlaza directamente con la tradición almohade del arte aragonés de los siglos XIII y XIV. Destaca también el magnífico artesonado que cubre la nave. Una menorah, o candelabro judío de siete brazos, preside el espacio central del templo, donde se exponen además, en sus vitrinas, una rica serie de documentos facsímiles y libros y utensilios de la liturgia hebrea, junto a una reproducción de la célebre Biblia Kennicot o a ejemplares de El Kuzari, de Yehuda Ha-Leví, o el Libro de viajes, de Benjamín de Tudela, representados ambos en la sala, junto a Abraham ibn Ezrá, con sus retratos y perfiles biográficos.  

    Tema 5. El Reino taifa de Zaragoza.
    Los Banu Hud

    Moneda saraqustí de la época taifa
    Moneda saraqustí de la época taifa
      En 1009 se produce un vacío de poder al ser obligado a abdicar el califa cordobés Hisam II. En ese momento se produce la disgregación de Al Andalus en múltiples reinos llamados de taifa (de facción).
    El poder en la taifa de Zaragoza será ocupado inicialmente por los tuyibíes con Mundir I, quien se independizará formalmente del califato en 1018. El reino de Zaragoza permanecerá bajo el poder de esta familia hasta que es asesinado Mundir II en 1039, ocupando el trono a partir de este momento Sulayman de la familia de los Banu Hud.
    Escritura cúfica en la Aljafería
    Escritura cúfica en la Aljafería
    Los Banu Hud fueron unos reyes protectores del arte y la cultura, y mantuvieron sus fronteras frente a los reinos cristianos, militarmente unas veces y otras mediante pactos, pagando parias (tributos) a estos reinos que pretendían salir de las montañas pirenaicas y ampliar su territorio hacia el sur. El mayor problema de la taifa de Zaragoza fue por su cohesión territorial interna, ya que al morir cada soberano dividía el reino entre sus hijos, los cuales se dedicaban a pelear entre ellos intentando recuperar el territorio y desgastándose frente a los reinos cristianos.
    El rey más brillante de la taifa de Zaragoza fue Ahmad Abu Yafar, llamado Al Muqtadir billah (poderoso gracias a Dios). Su padre Sulayman había dividido el reino entre sus cuatro hijos: Calatayud, Lérida, Tudela y Zaragoza. Al Muqtadir (1044-1082) en sus primeros años de reinado se ocupó de recuperar mediante luchas fratricidas lo que había dividido su padre, pero además anexionó posteriormente el reino de Tortosa (1060) y de Denia (1076), haciendo también vasallo al reino de Valencia.
    Al Muqtadir fue el político peninsular más importante de su tiempo, pero se preocupó además de atraer a su corte a los mejores artistas, científicos, filósofos y poetas, construyéndose bajo su reinado la Aljafería.
    Arco mixtilíneo en la Aljafería
    Arco mixtilíneo en la Aljafería
    Cuando murió este soberano volvió a cometer el mismo error que su antecesor y dejó dividido su reino entre sus hijos: Al Mutamin en Zaragoza y Mundir en la zona oriental desde Lérida, produciéndose las mismas luchas intestinas entre los hermanos para unificar otra vez el territorio. Al Mutamin usó mercenarios para intentar conquistar la parte oriental, el más famoso de ellos fue el Cid.

    El personaje... El Cid
    Facsímil del manuscrito del Cantar de Mío Cid
    Facsímil del manuscrito del Cantar de Mío Cid
    La historia de Rodrigo Díaz de Vivar es una de las más famosas de la Edad Media gracias al Cantar de Mío Cid. En él se cuenta de una manera idealizada cómo fue desterrado de Castilla, su periodo al servicio como mercenario del rey de la taifa zaragozana y su conquista de Valencia. Se sabe el recorrido que hizo por las tierras aragonesas gracias a este libro y a la toponimia. Torrecid (frente al despoblado de Alcocer cercano a Ateca) o localidades como El Poyo del Cid vieron pasar a este personaje.
    Conocemos por los documentos que el Cid, antes del destierro, ya estuvo presente con las filas musulmanas en la batalla de Graus (1069) donde murió el rey Ramiro I de Aragón. 1081 es la fecha que entró al servicio del rey de Zaragoza para luchar contra los cristianos aragoneses, catalanes y la taifa leridana. Venció en todas sus batallas a favor del rey zaragozano, siendo aclamado por los habitantes musulmanes de Zaragoza como su sidi=cid (su señor).
    Galería de arcos polilobulados en la mezquita de la Aljafería
    Galería de la mezquita de la Aljafería
    Con Al Mustain (1085-1110) comienza el declive del reino de Zaragoza, siendo conquistadas bajo su reinado ciudades como Monzón (1089), Huesca (1096) o Barbastro (1100). El último rey de la familia hudí será su hijo Abd al Malik Imad al Dawla quien está pocos meses en el poder y se ve obligado a entregar el reino a los almorávides que provienen del Norte de África para intentar una defensa desesperada de Zaragoza, que caerá en manos de Alfonso I el batallador en 1118. A lo largo de todo el siglo XII continuará la escalada de conquistas aragonesas: en 1120 se conquista Calatayud, Fraga en 1149 y finalmente, Alfonso II llega a Teruel en 1169.
    los Banu Razin
    Murallas de Albarracín
    Murallas de Albarracín
    Además de la taifa zaragozana también se creó la de Albarracín. Este reino comprendía el territorio de las sierras del suroeste turolense y su zona limítrofe en Cuenca. Fue el primero en declararse independiente de Córdoba en 1012 y estaba gobernado por la familia de los Ibn Razin, por eso el nombre de la ciudad de Albarracín.
    Según la descripción del geógrafo del siglo XII Al Idrisi, Albarracín era una ciudad hermosa, bien poblada y con mercado permanente.